Que una empresa no tenga beneficios en un momento concreto no significa que carezca de valor. Muchas sociedades en fase de lanzamiento, expansión, transformación digital, internacionalización o reestructuración presentan pérdidas contables durante varios ejercicios y, aun así, pueden atraer inversión, transmitirse a terceros, respaldar una ampliación de capital o formar parte de una sucesión empresarial.
La cuestión esencial es no confundir el resultado contable de un ejercicio con el valor económico de la compañía. Valorar una empresa sin beneficios exige analizar sus activos, pasivos, clientes, contratos, ventajas competitivas, necesidades de financiación, expectativas razonables de generación de caja y riesgos. En ACTTAX realizamos valoraciones de empresas adaptadas a compraventas, entrada de inversores, reorganizaciones societarias, conflictos entre socios, planificación patrimonial y operaciones vinculadas.
Una empresa con pérdidas puede seguir teniendo valor
Las pérdidas pueden obedecer a circunstancias temporales que no reflejan la capacidad futura del negocio. Por ejemplo, la empresa puede estar realizando una inversión comercial intensa, desarrollando tecnología propia, abriendo nuevos mercados, soportando costes de implantación o asumiendo un gasto extraordinario no recurrente. En estos casos, el beneficio histórico puede no representar adecuadamente el potencial económico de la sociedad.
Además, la cuenta de pérdidas y ganancias no recoge por completo determinados elementos que pueden ser decisivos para un inversor o comprador independiente:
- Una cartera de clientes recurrentes y con baja tasa de cancelación.
- Contratos en vigor, pedidos firmados o ingresos previsibles.
- Una marca consolidada, dominio digital, comunidad de usuarios o posicionamiento comercial.
- Software, patentes, know-how, procesos internos o tecnología propia.
- Licencias, homologaciones, autorizaciones administrativas o barreras de entrada.
- Un equipo especializado cuya sustitución sería compleja y costosa.
- Inmuebles, maquinaria, existencias, tesorería, inversiones o créditos recuperables.
- Sinergias que un adquirente concreto puede obtener al integrar el negocio en su grupo.
En sentido contrario, una sociedad con patrimonio neto positivo no tiene necesariamente un valor elevado. Si consume caja de forma recurrente, depende de un único cliente, no puede refinanciar su deuda o carece de una alternativa viable de continuidad, el valor atribuible a sus socios puede ser reducido e incluso nulo. Por ello, una valoración debe referirse siempre a una fecha determinada, una finalidad concreta y unas hipótesis expresamente justificadas.
Beneficio, flujo de caja, patrimonio neto y valor no son lo mismo
Antes de aplicar cualquier método conviene diferenciar varios conceptos. El beneficio es el resultado contable obtenido en un período; el flujo de caja refleja la capacidad de generar o consumir efectivo; el patrimonio neto es la diferencia contable entre activos y pasivos; y el valor de empresa representa una estimación económica del valor del negocio para un inversor, bajo unas condiciones determinadas.
Una empresa puede registrar pérdidas por amortizaciones, deterioros, gastos de desarrollo, costes de expansión o inversiones comerciales elevadas y, al mismo tiempo, tener perspectivas razonables de generación de caja futura. También puede suceder lo contrario: una empresa puede mostrar beneficios y sufrir tensiones financieras por el aumento de existencias, largos períodos de cobro, inversiones necesarias o un endeudamiento excesivo.
El Plan General de Contabilidad, aprobado por el Real Decreto 1514/2007, distingue entre valor razonable, valor actual, valor en uso y valor contable. En materia de deterioro, el importe recuperable se vincula al mayor entre el valor razonable menos costes de venta y el valor en uso. Aunque una valoración de compraventa no equivale a un test contable de deterioro, ambos análisis comparten un principio relevante: el último resultado contable no determina por sí solo el valor económico de una empresa.
Qué se analiza al valorar una empresa que todavía no es rentable
Una valoración rigurosa estudia la sociedad como una combinación de activos, pasivos, operaciones, capacidad de financiación y expectativas futuras. El enfoque dependerá de si la empresa puede continuar su actividad de forma razonable o si, por el contrario, debe analizarse bajo una hipótesis de cese o liquidación.
Valor de continuidad
El valor de continuidad se utiliza cuando existen fundamentos razonables para prever que la sociedad seguirá operando. El análisis se centra entonces en la generación futura de flujos de caja, los márgenes normalizados, el crecimiento previsto, las necesidades de inversión, el capital circulante, la posición competitiva y los riesgos propios del negocio.
Este planteamiento es habitual en startups, empresas tecnológicas, negocios digitales, compañías con ingresos recurrentes o sociedades que atraviesan una fase temporal de pérdidas. No basta con afirmar que la empresa crecerá: las proyecciones deben apoyarse en información objetiva, como ventas históricas, contratos, cartera de pedidos, evolución comercial, métricas de retención, capacidad productiva, comparables sectoriales y un plan de negocio coherente.
Valor de liquidación
Cuando no existe viabilidad económica o se ha decidido cesar la actividad, el valor relevante puede ser el que se obtendría al vender ordenadamente los activos y cancelar las obligaciones. En este escenario deben revisarse el valor realizable de existencias, inmuebles, maquinaria, créditos, tesorería, inversiones, deuda financiera, costes laborales, obligaciones tributarias y contingencias judiciales o contractuales.
Una sociedad con pérdidas puede tener un valor de liquidación positivo si dispone de activos valiosos y sus pasivos están controlados. Sin embargo, si los activos realizables no cubren las deudas, los costes de cierre y las obligaciones contingentes, el valor para los socios podría ser nulo o negativo desde una perspectiva económica.
Métodos de valoración adecuados cuando no hay beneficios
En empresas sin beneficios no suele ser aconsejable aplicar una única fórmula de forma automática. Lo habitual es seleccionar los métodos compatibles con la actividad, justificar cuál es el enfoque principal y contrastar el resultado con otros indicadores. En una valoración profesional documentada, el informe debe explicar las hipótesis empleadas, las limitaciones de la información disponible y los ajustes realizados.
Descuento de flujos de caja futuros
El descuento de flujos de caja, conocido como DCF por sus siglas en inglés, estima el valor actual de los flujos que el negocio podría generar en el futuro. Es especialmente útil cuando los resultados históricos son negativos, pero existen argumentos objetivos para prever que la empresa alcanzará una situación de rentabilidad o de generación de caja positiva.
Para aplicarlo es necesario proyectar ingresos, costes, inversiones, impuestos, necesidades de circulante y financiación. Los flujos estimados se descuentan posteriormente mediante una tasa que refleje el riesgo del negocio. En empresas deficitarias debe analizarse con especial cautela:
- El plazo previsto hasta alcanzar el punto de equilibrio.
- La financiación necesaria para cubrir la caja negativa inicial.
- La probabilidad real de cumplir las previsiones comerciales.
- La dependencia de fundadores, clientes clave, licencias o proveedores.
- Las inversiones necesarias para sostener el crecimiento.
- La razonabilidad del valor terminal y de los márgenes proyectados.
Una previsión optimista sin respaldo documental no convierte a una empresa deficitaria en una compañía valiosa. Las proyecciones deben ser consistentes con la evolución del mercado, la estructura operativa, el acceso a financiación y los recursos reales de la empresa. Las Directrices de Precios de Transferencia de la OCDE de 2022 destacan la relevancia de revisar las hipótesis que sostienen las previsiones financieras, especialmente en valoraciones de intangibles y operaciones sin comparables fiables.
Valor patrimonial ajustado
El método patrimonial ajustado parte del balance, pero no se limita a reproducir el patrimonio neto contable. Requiere revisar el valor económico de los activos y pasivos: inmuebles, maquinaria, existencias, créditos comerciales, inversiones financieras, préstamos, deudas, litigios, contingencias tributarias y otras obligaciones que puedan afectar al valor real de la empresa.
Puede resultar especialmente relevante en sociedades patrimoniales, inmobiliarias, compañías con activos tangibles significativos o negocios cuya rentabilidad todavía no permite aplicar múltiplos sobre EBITDA o beneficio. También es útil como contraste en empresas operativas.
Su principal limitación es que puede no reflejar adecuadamente el valor de elementos no contabilizados, como una marca, una cartera de clientes, una base de datos, procesos internos o tecnología desarrollada por la empresa.
Múltiplos de empresas comparables y transacciones similares
Cuando no hay EBITDA o beneficio positivo, los múltiplos basados en resultados pueden no ser aplicables. Sin embargo, según el sector, puede ser razonable utilizar referencias sobre facturación, ingresos recurrentes anuales, número de usuarios, capacidad instalada, unidades vendidas o métricas operativas específicas.
Este método exige prudencia. Dos empresas con la misma facturación pueden tener valores muy distintos si difieren en márgenes, recurrencia, crecimiento, concentración de clientes, deuda, propiedad intelectual o necesidad de inversión. Un múltiplo sobre ventas nunca debe trasladarse de forma mecánica entre mercados, geografías o modelos de negocio diferentes.
Escenarios y método de capital riesgo
En startups y empresas en fase temprana, la valoración puede incorporar distintos escenarios de éxito, estabilidad y fracaso, asignando una probabilidad razonable a cada uno. También se valoran hitos concretos, como la validación del producto, una aprobación regulatoria, la captación de clientes, una nueva ronda de financiación o la expansión internacional.
En este tipo de compañías, el valor puede depender más de la posibilidad de crecimiento futuro que del beneficio actual. Aun así, los inversores suelen aplicar descuentos significativos por riesgo tecnológico, riesgo de ejecución, iliquidez, dependencia de los fundadores y necesidad de futuras aportaciones de capital.
Del valor de empresa al valor de las participaciones sociales
Conviene distinguir entre el valor de empresa y el valor de los fondos propios o participaciones sociales. El primero suele representar el valor del negocio operativo antes de considerar su estructura de financiación. Para estimar el valor atribuible a los socios, normalmente se realizan ajustes por deuda financiera neta, caja excedentaria y pasivos o contingencias relevantes.
De forma simplificada:
Valor de las participaciones = valor de empresa + caja no necesaria para operar − deuda financiera − pasivos o contingencias ajustados.
Esta fórmula es solo un punto de partida. Debe determinarse qué deudas son financieras, si existen préstamos de socios, créditos intragrupo, activos no afectos a la actividad, tesorería excedentaria o contingencias no reflejadas adecuadamente en las cuentas. En grupos empresariales, la estructura de financiación puede afectar de forma decisiva al valor y a la tributación de la operación.
ACTTAX presta asesoramiento en préstamos intragrupo y servicios intragrupo para ayudar a ordenar estas relaciones y evitar que distorsionen la valoración o generen contingencias fiscales.
La relevancia de los intangibles cuando el beneficio aún no existe
Los activos intangibles explican con frecuencia una parte sustancial del valor de una empresa sin beneficios. Una aplicación tecnológica, una plataforma de comercio electrónico, una marca, una comunidad digital, una base de datos, una patente, un diseño industrial o un equipo con conocimiento especializado pueden generar rendimientos futuros sin figurar plenamente en el balance.
Esto no implica que cualquier idea tenga un valor elevado. Para valorar un intangible conviene analizar su titularidad jurídica, protección, transferibilidad, grado de desarrollo, vida útil económica, evidencia de demanda, inversión necesaria para explotarlo y dependencia de personas concretas.
La cuestión es especialmente sensible en operaciones vinculadas. El artículo 18 de la Ley 27/2014, de 27 de noviembre, del Impuesto sobre Sociedades, exige valorar las operaciones realizadas entre personas o entidades vinculadas por su valor de mercado: el que habrían acordado partes independientes en condiciones de libre competencia. La norma admite métodos específicos y, cuando estos no resulten aplicables, otros métodos y técnicas de valoración generalmente aceptados que respeten ese principio.
La transmisión de participaciones, de una unidad de negocio o de activos intangibles entre socios, familiares o sociedades vinculadas no debe fijarse únicamente porque la empresa “no gana dinero”. Es necesario justificar el valor desde una perspectiva económica, societaria y fiscal. Si la operación se realiza dentro de un grupo o entre partes vinculadas, puede ser conveniente solicitar una valoración de operaciones vinculadas.
Implicaciones fiscales de transmitir una empresa sin beneficios
La falta de beneficios no elimina las reglas fiscales de valoración. En una transmisión de participaciones no cotizadas realizada por una persona física, el artículo 37.1.b) de la Ley 35/2006, de 28 de noviembre, del IRPF establece que, salvo prueba de que el importe efectivamente satisfecho coincide con el que habrían pactado partes independientes en condiciones normales de mercado, el valor de transmisión no podrá ser inferior al mayor de los siguientes:
- El valor del patrimonio neto que corresponda a los valores transmitidos, resultante del balance del último ejercicio cerrado anterior a la fecha de devengo del impuesto.
- El resultado de capitalizar al tipo del 20% el promedio de los resultados de los tres ejercicios sociales cerrados anteriores a la fecha de devengo.
Por tanto, cuando la sociedad ha tenido pérdidas durante los tres últimos ejercicios, el parámetro basado en la capitalización de resultados puede ser muy reducido o incluso no aportar una referencia positiva. No obstante, el valor del patrimonio neto y, especialmente, la posibilidad de acreditar que el precio pactado responde al valor de mercado continúan siendo relevantes.
Un informe de valoración cobra especial importancia cuando existen intangibles, inmuebles, deuda con socios, activos no afectos, previsiones de recuperación o circunstancias que expliquen que el valor de mercado no coincide con una lectura simple de las cuentas anuales. Antes de formalizar una compraventa, donación, reorganización o salida de socios, resulta recomendable hablar con un asesor fiscal para analizar el impacto de la operación.
Documentación en operaciones vinculadas
En el ámbito del Impuesto sobre Sociedades, la documentación de las operaciones vinculadas debe responder a los principios de proporcionalidad y suficiencia previstos en el artículo 18.3 de la Ley 27/2014 y en los artículos 13 a 16 del Reglamento del Impuesto sobre Sociedades, aprobado por el Real Decreto 634/2015.
Con carácter general, existe documentación simplificada para contribuyentes con un importe neto de la cifra de negocios inferior a 45 millones de euros. Sin embargo, las transmisiones de negocios, participaciones no cotizadas, inmuebles y activos intangibles exigen una atención reforzada por su especial complejidad y por la necesidad de justificar adecuadamente el valor de mercado.
ACTTAX puede ayudar a estructurar la operación, elaborar la documentación de precios de transferencia y revisar si procede presentar el modelo 232.
Modelo 232: plazo de presentación
El modelo 232 es la declaración informativa sobre operaciones vinculadas y determinadas operaciones o situaciones relacionadas con jurisdicciones no cooperativas. Según la información de la Agencia Tributaria, el plazo ordinario de presentación es el mes siguiente a los diez meses posteriores a la conclusión del período impositivo.
Para entidades cuyo ejercicio coincide con el año natural, el plazo correspondiente al ejercicio 2025 es del 1 al 30 de noviembre de 2026. La obligación de presentar el modelo 232 y la obligación de disponer de documentación específica no son exactamente equivalentes, por lo que cada operación debe revisarse de forma individualizada.
Separación de socios, herencias y conflictos societarios
La valoración de una empresa sin beneficios es habitual cuando un socio quiere abandonar la sociedad, existen desacuerdos entre familiares, se planifica una sucesión empresarial o se negocia una compraventa interna. En estos casos, no basta con escoger el valor más favorable para una de las partes: se necesita un criterio trazable, coherente y defendible.
En caso de separación o exclusión de socios, el artículo 353 del texto refundido de la Ley de Sociedades de Capital prevé que, si no hay acuerdo sobre el valor razonable de las participaciones o acciones, ni sobre la persona encargada de valorarlas o el procedimiento aplicable, estas serán valoradas por un experto independiente designado por el registrador mercantil del domicilio social, a solicitud de la sociedad o de cualquiera de los socios afectados.
Los estatutos sociales, pactos de socios y acuerdos previos pueden incorporar reglas de valoración, pero deben interpretarse atendiendo a la realidad económica de la compañía y a las circunstancias existentes en la fecha relevante. En estas situaciones, una valoración de empresa entre socios puede facilitar una negociación ordenada y reducir el riesgo de conflicto.
Información necesaria para una valoración fiable
La calidad de la valoración depende directamente de la calidad de la información disponible. En una empresa con pérdidas será necesario analizar mucho más que las cuentas anuales:
- Cuentas anuales, balances y cuentas de resultados de varios ejercicios.
- Contabilidad reciente, conciliaciones bancarias y detalle de tesorería.
- Declaraciones tributarias relevantes y deudas fiscales pendientes.
- Préstamos, avales, garantías y deudas con socios o sociedades del grupo.
- Contratos con clientes, proveedores, arrendadores, distribuidores y empleados clave.
- Presupuestos, previsiones financieras, plan de negocio y necesidades de financiación.
- Información comercial sobre clientes activos, recurrencia, márgenes, cartera de pedidos y concentración.
- Inventario de activos, licencias, marcas, dominios, software, patentes y propiedad intelectual.
- Procedimientos judiciales, reclamaciones, contingencias laborales y riesgos regulatorios.
También suele ser necesario normalizar las cuentas. Este proceso consiste en separar gastos o ingresos extraordinarios, retribuciones de socios que no estén alineadas con mercado, operaciones no recurrentes, costes personales asumidos por la sociedad o partidas que no representen la actividad ordinaria. Sin esta depuración, el resultado negativo puede ofrecer una imagen incompleta o distorsionada del negocio.
Errores frecuentes al valorar una sociedad con pérdidas
- Concluir que el valor es cero porque existen pérdidas. Las pérdidas son un dato relevante, pero no una conclusión automática.
- Aplicar un múltiplo de facturación sin analizar márgenes, crecimiento y recurrencia. La facturación por sí sola no determina la calidad económica de los ingresos.
- Utilizar previsiones excesivamente optimistas. Las hipótesis deben ser coherentes con la capacidad comercial, operativa y financiera de la empresa.
- Ignorar la deuda neta y las contingencias. Un negocio atractivo puede no generar valor para los socios si está excesivamente endeudado.
- Olvidar los intangibles o sobrevalorarlos. Deben identificarse, acreditarse y analizarse con prudencia.
- Fijar un precio entre vinculados sin justificación documental. La inexistencia de beneficios no exime de aplicar el principio de valor de mercado.
- Confundir el valor de la empresa con el precio final de la operación. El precio puede incorporar pagos aplazados, earn-outs, ajustes por caja y deuda, garantías o descuentos por falta de liquidez.
Las pérdidas obligan a analizar mejor el valor económico
Una empresa sin beneficios puede tener valor por sus activos, contratos, clientes, tecnología, marca, posición competitiva o capacidad futura de generar caja. También puede tener un valor limitado o negativo si las pérdidas responden a un problema estructural, no dispone de financiación suficiente o sus pasivos superan los activos realizables.
La respuesta, por tanto, no es automática. Depende de qué se valore, para qué fecha, con qué finalidad y bajo qué hipótesis. Una valoración bien elaborada debe explicar el método elegido, las proyecciones, los riesgos, la deuda, los activos no contabilizados y las implicaciones fiscales y mercantiles de la operación.
Si necesita vender una sociedad, incorporar a un inversor, organizar una empresa familiar, resolver un conflicto entre socios o justificar una operación vinculada, puede contactar con ACTTAX. Nuestro equipo puede preparar un análisis financiero, fiscal y societario adaptado a las circunstancias reales de su empresa.