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Valoración de Empresas

Cómo afecta la deuda al valor de una empresa

18 min de lectura

Última revisión del contenido:

La deuda puede aumentar o reducir el valor de una empresa según su importe, coste, vencimientos, finalidad y capacidad real de la sociedad para atenderla. No basta con observar el pasivo reflejado en el balance: una valoración rigurosa debe diferenciar entre el valor económico de la actividad —enterprise value o valor de empresa— y el valor que corresponde finalmente a socios o accionistas —equity value o valor de los fondos propios—.

Esta diferencia es esencial en compraventas, entrada de inversores, reorganizaciones societarias, sucesiones empresariales y conflictos entre socios. Una empresa rentable puede tener un elevado valor operativo y, al mismo tiempo, un valor reducido para sus propietarios si soporta una deuda financiera neta elevada o difícil de refinanciar. En ACTTAX realizamos valoraciones de empresas que estudian la financiación desde una perspectiva financiera, contable, mercantil y fiscal.

Valor de empresa y valor de las participaciones: la diferencia esencial

El punto de partida consiste en no confundir dos conceptos estrechamente relacionados, pero distintos:

  • Valor de empresa o enterprise value (EV): representa el valor económico de la actividad operativa, con independencia de cómo se financie.
  • Valor de los fondos propios o equity value: es la parte del valor atribuible a los socios o accionistas después de considerar la deuda financiera neta y otros ajustes económicos relevantes.

De forma simplificada, la relación entre ambos importes puede expresarse así:

Valor de los fondos propios = Valor de empresa − Deuda financiera neta ± Ajustes de cierre

La deuda financiera neta se calcula habitualmente restando de la deuda financiera bruta la caja excedentaria y los activos líquidos equivalentes que estén efectivamente disponibles para cancelar obligaciones financieras. No obstante, el cálculo exige criterio: no toda la tesorería es excedentaria y no todo pasivo contabilizado debe recibir el mismo tratamiento que un préstamo bancario.

Concepto Tratamiento habitual en una valoración
Préstamos bancarios y pólizas de crédito dispuestas Normalmente reducen el valor para los socios, salvo que exista un ajuste específico pactado o una particularidad económica relevante.
Leasing financiero y otros pasivos de naturaleza financiera Pueden incluirse como deuda neta o reflejarse en los flujos de caja, pero debe evitarse duplicar su efecto.
Renting operativo Por regla general se analiza como gasto o compromiso operativo futuro, salvo que sus condiciones económicas justifiquen un ajuste específico.
Deuda con socios o sociedades del grupo Exige revisar vencimiento, interés, subordinación, garantías, exigibilidad y valor de mercado.
Proveedores y acreedores comerciales ordinarios Habitualmente se incorporan al capital circulante normalizado, no a la deuda financiera neta.
Deudas tributarias, laborales o con la Seguridad Social Pueden originar ajustes específicos y contingencias si están vencidas, aplazadas, discutidas o insuficientemente provisionadas.
Caja mínima operativa No suele tratarse como caja excedentaria cuando resulta necesaria para operar con normalidad.

Por ello, dos sociedades con idéntica facturación, EBITDA o beneficio pueden tener valores muy distintos para sus socios. La que se financia principalmente con recursos propios no parte de la misma posición que otra que depende de préstamos, líneas de crédito renovables o financiación de socios exigible a corto plazo.

Cómo reduce la deuda el valor de las participaciones

La forma más directa en que la deuda afecta al valor es mediante el ajuste entre el valor de empresa y el valor de las participaciones. Si una compañía tiene un valor de empresa de 4 millones de euros y presenta una deuda financiera neta ajustada de 1,2 millones de euros, el valor teórico de sus fondos propios será de 2,8 millones de euros antes de otros ajustes identificados en la operación.

Este mecanismo es especialmente relevante en compraventas. Es frecuente negociar el precio sobre una base cash free, debt free: las partes acuerdan un valor para el negocio sin deuda financiera ni caja excedentaria y, al cierre, calculan el precio final considerando la deuda neta y el nivel de capital circulante realmente existente.

Sin embargo, descontar la deuda nominal sin más puede llevar a conclusiones erróneas. Conviene responder, al menos, a las siguientes cuestiones:

  • ¿Los saldos de préstamos y créditos están conciliados con bancos, contratos y cuadros de amortización?
  • ¿Existen intereses devengados, comisiones pendientes, gastos de cancelación, garantías o avales?
  • ¿Hay cláusulas de vencimiento anticipado, incumplimientos de covenants o necesidad inmediata de refinanciación?
  • ¿La tesorería está libremente disponible o se encuentra afectada a garantías, cuentas restringidas o necesidades de circulante?
  • ¿Existen obligaciones contingentes que no estén plenamente recogidas en el balance?
  • ¿Hay préstamos de socios que deban devolverse antes o después de la transmisión de las participaciones?

Un informe de valoración de empresa debe explicar con claridad qué partidas se incluyen en la deuda financiera neta, cuáles se tratan como capital circulante y qué contingencias requieren un ajuste separado. Esta trazabilidad es importante tanto para negociar el precio como para defender el análisis ante socios, compradores, entidades financieras o potenciales inversores.

La deuda también puede contribuir a crear valor

No toda deuda destruye valor. La financiación ajena puede contribuir al crecimiento cuando permite invertir en activos productivos, adquirir tecnología, abrir nuevos centros, financiar internacionalización o comprar una unidad de negocio rentable sin diluir la participación de los socios existentes.

La cuestión relevante no es solo cuánto debe una empresa, sino si la rentabilidad generada con los recursos financiados supera, de forma sostenible, el coste financiero y el riesgo asumido.

Deuda destinada a inversiones rentables

Una empresa puede recurrir a un préstamo para comprar maquinaria, ampliar su capacidad productiva, digitalizar procesos o desarrollar una nueva línea de negocio. Si la inversión aumenta de forma recurrente la generación de caja y mejora la posición competitiva, el valor de empresa puede crecer más que la deuda asumida.

Por ejemplo, un préstamo de 500.000 euros destinado a un proyecto capaz de aumentar los flujos de caja operativos no debe analizarse de forma aislada. La financiación incrementará inicialmente la deuda neta, pero el valor operativo del negocio puede aumentar si el proyecto tiene una rentabilidad razonable y una ejecución viable.

Apalancamiento financiero y rentabilidad de los socios

El endeudamiento puede elevar la rentabilidad de los fondos propios cuando la rentabilidad de los activos es superior al coste de financiación. Es el denominado apalancamiento financiero. Pero este efecto actúa en ambos sentidos: ante una caída de ventas, un aumento de tipos de interés o un retraso en cobros, una estructura excesivamente endeudada puede amplificar las pérdidas y reducir rápidamente el valor de las participaciones.

Un comprador suele valorar positivamente una deuda moderada, transparente, vinculada a inversiones útiles y compatible con la generación de caja. En cambio, normalmente penalizará la deuda utilizada para cubrir pérdidas recurrentes, financiar dividendos sin respaldo financiero, pagar gastos corrientes de forma estructural o refinanciar vencimientos sin un plan realista de viabilidad.

El coste y el vencimiento de la deuda afectan a los flujos de caja

La deuda no importa únicamente por su importe pendiente. Sus intereses, calendario de amortización, garantías y condiciones contractuales inciden directamente en la liquidez, el riesgo y la capacidad de inversión de la empresa. Dos compañías con la misma deuda nominal pueden tener perfiles de valor muy diferentes si una dispone de financiación a largo plazo, a tipo fijo y con cuotas asumibles, mientras la otra afronta vencimientos cercanos o tipos variables elevados.

En una valoración por descuento de flujos de caja, debe existir coherencia entre el tipo de flujo elegido y la tasa de descuento empleada:

  • Si se descuentan flujos de caja libres para la empresa, se obtiene el valor de empresa y la deuda financiera neta se ajusta posteriormente.
  • Si se descuentan flujos de caja para los accionistas, se obtiene directamente el valor de los fondos propios, incorporando intereses, nueva financiación y amortización de principal.

Mezclar ambos enfoques genera errores de doble cómputo. Por ejemplo, no procede descontar flujos ya reducidos por intereses utilizando una tasa que incorpora el coste medio de capital de toda la empresa y, además, volver a deducir la deuda neta al final.

El WACC y la estructura financiera razonable

En valoraciones basadas en flujos de caja libres para la empresa, la tasa de descuento suele expresarse mediante el coste medio ponderado de capital o WACC. Esta tasa combina el coste de los fondos propios y el coste de la deuda después de impuestos, ponderados según una estructura financiera razonable para la sociedad y su sector.

La deuda puede reducir inicialmente el coste medio de capital porque su coste exigido suele ser inferior al de los recursos propios y porque los intereses pueden producir un ahorro fiscal efectivo. Sin embargo, cuando el endeudamiento alcanza niveles elevados, aumentan el riesgo de insolvencia, el coste de refinanciación, las exigencias de garantías y la rentabilidad exigida por los accionistas. En ese escenario, el WACC puede aumentar y reducir el valor de empresa.

El objetivo, por tanto, no es maximizar la deuda, sino mantener una estructura financiera sostenible para el tamaño, la actividad, el ciclo de cobro y la fase de crecimiento de la compañía.

Qué partidas deben incluirse en la deuda financiera neta

La definición de deuda neta debe adaptarse al objetivo de la valoración y, en una compraventa, al contrato firmado entre comprador y vendedor. Aun así, existen criterios habituales que conviene documentar antes de calcular el ajuste.

Deuda financiera ordinaria

Se suelen incluir préstamos, créditos, pólizas dispuestas, pagarés, confirming financiero cuando tenga naturaleza de financiación, préstamos participativos, pasivos por arrendamientos financieros, intereses devengados y otras obligaciones financieras. El Plan General de Contabilidad, aprobado por el Real Decreto 1514/2007, de 16 de noviembre, regula el reconocimiento y valoración de los pasivos financieros.

El valor contable de una deuda puede no coincidir exactamente con el nominal pendiente. Pueden existir costes de transacción, intereses implícitos, primas, descuentos o ajustes derivados del método del tipo de interés efectivo. Por este motivo, en una operación conviene contrastar el balance con los contratos y con el importe que sería exigible en la fecha de cierre.

Deudas con socios, administradores y empresas del grupo

Los préstamos de socios pueden funcionar como financiación estable y subordinada o, por el contrario, ser exigibles a corto plazo y tensionar la caja. Deben revisarse el contrato, el vencimiento, el tipo de interés, las garantías, la posibilidad real de exigir su devolución y la posición del socio prestamista respecto de los acreedores externos.

Cuando el préstamo se concierta entre personas o entidades vinculadas, el artículo 18 de la Ley 27/2014, de 27 de noviembre, del Impuesto sobre Sociedades, exige valorar la operación por su valor de mercado, conforme al principio de libre competencia. ACTTAX puede ayudarle a estructurar y revisar préstamos intragrupo con una documentación coherente con la realidad económica de la operación.

Pasivos contingentes y obligaciones fuera de balance

Los avales, garantías otorgadas, litigios, responsabilidades laborales, deudas tributarias en discusión, compromisos de compra o pagos aplazados vinculados a adquisiciones pueden afectar significativamente al valor, aunque no siempre tengan la consideración de deuda financiera ordinaria.

En una compraventa, estas partidas pueden abordarse mediante ajustes de precio, provisiones, indemnizaciones específicas, retenciones de precio, cuentas escrow o mecanismos de pago condicionados a la resolución del riesgo. Anticipar estas cuestiones antes de iniciar una negociación permite reducir incertidumbres y evita que aparezcan correcciones relevantes en las fases finales de la operación.

Deuda, liquidez y riesgo de insolvencia

Una empresa puede ser rentable y, pese a ello, sufrir dificultades financieras por falta de liquidez. El valor depende de su capacidad de generar efectivo a tiempo para pagar nóminas, proveedores, impuestos, cuotas de préstamos y vencimientos financieros.

La existencia de insolvencia actual o inminente tiene también consecuencias jurídicas. El texto refundido de la Ley Concursal, aprobado por el Real Decreto Legislativo 1/2020, de 5 de mayo, regula los deberes y mecanismos aplicables ante situaciones de insolvencia. En estos casos, la valoración debe contemplar con especial prudencia la capacidad de continuidad del negocio, las necesidades de refinanciación y la recuperabilidad real de los activos.

Entre los indicadores más utilizados para analizar la sostenibilidad de la deuda se encuentran los siguientes:

Indicador Qué permite analizar
Deuda financiera neta / EBITDA La intensidad del endeudamiento respecto de la capacidad recurrente de generación de resultados.
EBITDA / gastos financieros La cobertura de intereses y el margen de seguridad ante una caída de resultados.
Flujo de caja operativo / servicio de la deuda La capacidad efectiva para atender intereses y amortizaciones.
Pasivo corriente / activo corriente La presión de las obligaciones a corto plazo sobre la liquidez disponible.
Calendario de vencimientos La concentración de pagos y la necesidad de refinanciación futura.

Estos ratios no tienen un umbral universal. Un nivel de deuda puede ser asumible para una empresa con ingresos recurrentes, clientes diversificados y activos líquidos, pero excesivo para una actividad cíclica, una empresa joven o una sociedad dependiente de pocos clientes. El análisis debe considerar el histórico, las previsiones realistas y las condiciones habituales del sector.

Fiscalidad de la deuda y efecto en la valoración

La deuda tiene efectos fiscales que pueden modificar los flujos de caja proyectados y, por tanto, el valor de una empresa. La regla general de limitación de deducibilidad de gastos financieros se recoge en el artículo 16 de la Ley 27/2014 del Impuesto sobre Sociedades.

Para el ejercicio 2026, los gastos financieros netos son deducibles, con carácter general, hasta el límite del 30% del beneficio operativo del período impositivo. No obstante, pueden deducirse gastos financieros netos por importe de hasta 1 millón de euros por período impositivo, con la proporcionalidad que corresponda si el período tiene una duración inferior al año. Los gastos financieros netos que no resulten deducibles pueden aplicarse en períodos impositivos posteriores, dentro de los límites previstos en la norma.

Esta limitación puede afectar al valor cuando una empresa soporta una carga financiera significativa. El gasto contable por intereses no siempre reduce la base imponible del Impuesto sobre Sociedades en el mismo ejercicio y por la totalidad de su importe. Como consecuencia, la salida de caja por impuesto puede ser mayor de la inicialmente prevista en determinados ejercicios.

El artículo 16 de la Ley 27/2014 contiene además límites específicos aplicables a determinados gastos financieros derivados de deudas destinadas a adquirir participaciones. Estas reglas exigen especial atención en adquisiciones apalancadas, operaciones de fusión posteriores y estructuras de grupo. Asimismo, el artículo 15.1.h) de la misma ley contempla la no deducibilidad de determinados gastos financieros derivados de deudas intragrupo destinadas a adquirir participaciones a otras entidades del grupo o a realizar aportaciones de capital dentro de este, salvo que concurran motivos económicos válidos.

Una estructura financiera mal diseñada puede reducir el ahorro fiscal esperado y, con ello, el valor económico de la operación. Si la empresa prevé una adquisición, una reorganización o una financiación relevante, resulta aconsejable hablar con un asesor fiscal antes de formalizar los contratos.

Préstamos intragrupo: documentación y riesgo fiscal

En grupos empresariales, empresas familiares y estructuras con sociedades operativas y patrimoniales, la financiación intragrupo es frecuente. Sin embargo, un préstamo entre entidades vinculadas no puede fijarse de manera arbitraria ni tratarse como una mera transferencia interna de tesorería.

El artículo 18 de la Ley 27/2014 exige valorar las operaciones vinculadas a valor de mercado. Para analizar un préstamo intragrupo deben tenerse en cuenta, entre otros factores, el importe, plazo, moneda, garantías, subordinación, finalidad, solvencia del prestatario, capacidad de endeudamiento y condiciones disponibles en operaciones comparables.

Las directrices de la OCDE sobre transacciones financieras destacan la importancia de delimitar correctamente la operación. No basta con establecer un tipo de interés: también debe analizarse si una entidad independiente habría obtenido una financiación equivalente en las mismas condiciones o si, por sus características económicas, la operación se aproxima más a una aportación de fondos propios.

La documentación específica de operaciones vinculadas se regula en los artículos 13 a 16 del Real Decreto 634/2015, de 10 de julio, por el que se aprueba el Reglamento del Impuesto sobre Sociedades. Existen supuestos de exclusión o simplificación documental, entre ellos el relativo a determinadas operaciones cuyo conjunto con una misma persona o entidad vinculada no supera 250.000 euros de valor de mercado durante el período impositivo. No obstante, la aplicación concreta de las excepciones depende del tipo de operación y de las circunstancias de las partes.

Cuando resulte exigible, la documentación debe estar a disposición de la Administración Tributaria desde la finalización del plazo voluntario de declaración del impuesto. Además, determinadas operaciones vinculadas deben informarse mediante el modelo 232. Según el artículo 4 de la Orden HFP/816/2017, de 28 de agosto, su presentación se realiza en el mes siguiente a los diez meses posteriores a la conclusión del período impositivo. Para entidades con ejercicio coincidente con el año natural, el plazo ordinario corresponde al mes de noviembre del año siguiente.

Una documentación de precios de transferencia consistente y una adecuada valoración de operaciones vinculadas reducen el riesgo fiscal y ayudan a que un comprador o inversor comprenda el nivel real de deuda y la calidad de la estructura financiera del grupo.

Sanciones por incumplir la documentación de operaciones vinculadas

La falta de aportación, la aportación incompleta o la inclusión de datos falsos en la documentación específica de operaciones vinculadas puede constituir una infracción tributaria grave. El artículo 18.13 de la Ley 27/2014 prevé, cuando no exista corrección valorativa, una multa pecuniaria fija de 1.000 euros por cada dato y 10.000 euros por cada conjunto de datos omitido, inexacto o falso, con los límites legales vinculados al importe de las operaciones y a la cifra de negocios.

Cuando los defectos documentales se acompañen de una corrección valorativa efectuada por la Administración Tributaria, la sanción puede consistir en una multa proporcional del 15% sobre el importe de las cantidades que resulten de las correcciones correspondientes a cada operación, en los términos establecidos por el citado artículo 18.13.

Estas contingencias también forman parte del análisis de valor. Una deuda intragrupo sin contrato, a tipo cero, sin vencimiento definido o sin una justificación económica suficiente puede reducir el precio, exigir garantías específicas o dificultar la venta de una compañía.

Ejemplo práctico: efecto de la deuda sobre el precio de venta

Supongamos una empresa industrial con los siguientes datos a la fecha de cierre de una negociación:

Concepto Importe
Valor de empresa determinado por descuento de flujos 5.000.000 €
Préstamos bancarios pendientes 1.300.000 €
Deuda por arrendamientos financieros 250.000 €
Intereses financieros devengados pendientes 25.000 €
Tesorería total 600.000 €
Caja mínima necesaria para operar 200.000 €

La tesorería excedentaria asciende a 400.000 euros, dado que se considera necesario mantener 200.000 euros para el funcionamiento ordinario. La deuda financiera neta ajustada sería de 1.175.000 euros:

1.300.000 + 250.000 + 25.000 − 400.000 = 1.175.000 euros

En consecuencia, el valor estimado de los fondos propios sería:

5.000.000 − 1.175.000 = 3.825.000 euros

Si durante la revisión financiera y fiscal se detectase una contingencia tributaria probable de 150.000 euros no cubierta por provisión, el comprador podría solicitar un ajuste adicional, una retención de precio o una garantía específica. El importe final para los vendedores podría situarse por debajo de los 3,825 millones inicialmente calculados.

Errores frecuentes al valorar una empresa con deuda

  • Restar toda la tesorería: una parte del efectivo puede ser indispensable para pagar nóminas, proveedores, impuestos o campañas estacionales.
  • Olvidar intereses, comisiones y costes de cancelación: el principal pendiente no siempre refleja la obligación financiera real.
  • Tratar proveedores ordinarios como deuda financiera: puede alterar injustificadamente el precio si no se analiza el capital circulante.
  • Ignorar los préstamos de socios: deben revisarse desde una perspectiva económica, societaria y fiscal.
  • No examinar avales y garantías: una obligación contingente puede tener un efecto relevante aunque todavía no se haya ejecutado.
  • Duplicar el efecto de los intereses: el método de valoración debe ser coherente con los flujos y la tasa de descuento utilizados.
  • Confundir patrimonio neto contable y valor de mercado: el valor contable no sustituye a una valoración económica del negocio.
  • No analizar la refinanciación: una deuda aparentemente asumible puede ser problemática si vence antes de que la sociedad genere caja suficiente.

Cómo preparar una empresa antes de una valoración o venta

La deuda debe ordenarse antes de buscar financiación, negociar con un inversor o iniciar la venta de una compañía. Una estructura clara facilita la valoración y transmite confianza a la otra parte.

  • Conciliar saldos con entidades financieras, socios, empresas vinculadas y acreedores relevantes.
  • Revisar contratos de préstamo, garantías, vencimientos, intereses y cláusulas de cumplimiento.
  • Separar la tesorería operativa de la caja realmente excedentaria.
  • Regularizar préstamos intragrupo y documentar condiciones acordes con el valor de mercado.
  • Identificar contingencias fiscales, laborales, mercantiles y financieras.
  • Preparar previsiones de tesorería realistas y escenarios de sensibilidad.
  • Definir una política de endeudamiento coherente con la capacidad de generación de caja.

La deuda no es, por sí sola, un indicador de mala gestión ni una razón automática para reducir el precio de una empresa. Una financiación bien estructurada puede impulsar el crecimiento y aumentar el valor operativo. En cambio, una deuda opaca, cara, mal documentada o difícilmente refinanciable puede reducir de forma considerable el valor de las participaciones y elevar los riesgos de cualquier operación corporativa.

Si necesita conocer el impacto real de la deuda en una compraventa, una reorganización familiar, una separación entre socios o la entrada de un inversor, el equipo de ACTTAX puede ayudarle a valorar participaciones sociales, revisar la financiación vinculada y preparar un análisis económico defendible. Puede hablar con un asesor fiscal para solicitar un estudio personalizado de su empresa.

Enlaces y servicios relacionados

Cuándo conviene hablar con un asesor

Si necesitas cerrar fiscalmente una reorganización intragrupo, preparar documentación ante una inspección, valorar una participación con impacto en socios o Administración, o alinear Modelo 232 con tus informes de precios de transferencia, conviene revisar el caso con tiempo y trazabilidad.

Errores que suelen generar fricción

  • Valoraciones “de despacho” sin trazabilidad de hipótesis, WACC y proyecciones.
  • Mezclar criterios mercado y fiscal sin explicar el puente entre ambos.
  • Ignorar sensibilidades que pueden mover materialmente el valor.

Documentación que conviene conservar (checklist orientativa)

  • Informe o memo de trabajo con fuentes, hipótesis y limitaciones.
  • Proyecciones y histórico revisados por gestión (cuando correspondan).
  • Comparables o transacciones usadas, con filtros y ajustes documentados.
  • Correspondencia sobre alcance del encargo y uso previsto del informe.

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